La gran fiesta del BDSM en el nuevo y flamante local del Fetish Café.
Para contarlo debo empezar por el espacio físico. Un sótano equipadísimo que impresiona a todos los que lo visitan, especialmente por su dureza, digna de las peores (o quizás mejores) mazmorras. Por más quisiera describirlo nunca conseguiría describir las sensaciones que provoca. Y fue el primer sábado de septiembre que alrededor de 30 personas, que habían solicitado y confirmado su asistencia, fueron bajando por las escaleras para convertirse en los protagonistas de la noche. Ahí radica la especifidad del Fetish Café. La fiesta es de todos. El espectáculo somos todos. Llegué a contabilizar hasta ocho grupitos entre parejas, tríos ... que jugaban en un mismo momento repartidos por los diferentes espacios del local, utilizando potros, camillas, jaulas, trampling, polipastos, cruces, cera... Todo ello bajo la dirección de Dómina Zara y los excelentes oficios de su esposo Sergi en el bar, que cuidan con exquisitez de todos los detalles, presentan y relacionan a los asistentes y procuran, por encima de todo, que imperen el respeto y la libertad. Como botón de muestra los comentarios de una neófita: una señora que recientemente había accedido a introducirse en los juegos preferidos de su compañero, y que brindó por la seriedad, normalidad y familiaridad con el que se desarrolló el evento. Con una amplia sonrisa me prometió que volverían siempre que les fuera posible. Personalmente no había vivido nada igual: tanta gente junta todos jugando en un momento u otro. Parejas mixtas, ama y esclavo o viceversa, esclavos solos adscritos de inmediato a alguna de las amas que acudieron a la cita. Gente de todas las edades, venidos de Barcelona y alrededores, pero también de fuera, especialmente de Madrid, donde, según nos contaron, a pesar de existir un buen ambiente BDSM no disponen por el momento de local para poner en práctica sus fantasías. Mención especial a una pareja de esa capital que aprovechó al máximo la velada utilizando y probando los más variados aparatos y equipos, relacionándose con los demás con infinita simpatía y cordialidad. De ellos destacaría un bello cuadro en el que, con otra pareja, unieron a esclava y esclavo para ser azotados indistintamente por el Ama y el Amo. De lo escrito espero que el lector pueda entender
que las escenas que se sucedieron fueron tantas y tan variadas que sólo
pude vivir o ver por completo alguna de ellas, por lo que voy a contar
una personal. Mi esclava dana estaba de cuatro patas mientras probaba
una vara nueva que nos trajimos para la ocasión. Ella excitadísima
por ser en público. A unos metros dos señoras imponían
cera a un esclavo. Le pedí a una de ellas que aplicara ese castigo
a dana. Muy amablemente se acercó y dijo a mi esclava que tenía
una vela roja en una mano y una blanca en la otra y le dio a probar para
que luego, la esclava, fuera adivinando de qué color era la cera
que le iba cayendo. A pesar que la inteligente esclava adivinó
las diez primeras gotas, la experiencia de la Señora se impuso,
confundiéndola de tal manera que terminó por gemir “¡negra,
es negra!”. Cabe decir que a esa Señora sólo la conocía
de esa misma noche cuando nos presentaron, y he querido contarlo como
muestra de implicación y buena relación entre los asistentes. La velada brilló también gracias al elenco de ilustres Señoras que asistieron esa noche con sus mejores galas. Quizás sería conveniente mencionar a todas ellas, pero el buen hacer y la filosofía de Dómina Zara consiguió, como ya he dicho, que los protagonistas fuéramos todos sin excepción alguna. Mis últimas palabras son para quienes hayan tenido o puedan tener la intención de acercarse al Fetish Café. Si tienen las ideas claras no lo duden. Y cuando digo tener las ideas claras me refiero sobre todo al necesario respeto y exquisitez en la relación con las otras personas. Por lo demás, ser ama o amo, esclava o esclavo, sumisa o sumiso, gustar de unas determinadas tendencias, o dudar entre unas u otras no es importante, puesto que en el Fetish Café se pueden probar, aprender y practicar con toda naturalidad. Animaos, el Fetish Café funciona los viernes y sábados. Si sois practicantes del BDSM no os lo perdáis. Y recordad que el aforo es limitado. Robert Vicius |